El comienzo del lavavajillas

¡Si nadie inventa una máquina de lavar platos, la inventaré yo misma!.

Y así fue. Josephine Cochrane, adinerada ama norteamericana, cansada de que sus torpes sirvientes rompieran su preciada vajilla fina, decidió que necesitaba un aparato que lavara sus bonitas piezas traídas de China y dejar de encontrar en su cocina, trocitos de sus platos, creando así el primer lavavajillas.

Nieta del constructor del primer barco a vapor Americano, y casada con un prestigioso político, no necesitó jamás lavar un plato a mano en toda su vida, pero necesitaba evitar su manipulación.

De este modo desarrolló un sistema bastante efectivo, consistente en una caja de madera con compartimentos de tela metálica, para diferentes medidas y cristalería. Mediante un motor de vapor, hacía girar una rueda de la que salía agua con jabón.

Su invento le hizo ganar el primer premio en la exposición universal de Chicago en 1893 y se decidió a comercializar su patente, sin mucho éxito. Colocó algunas unidades en hoteles y restaurantes,  pero a nivel doméstico aún era difícil debido a la cantidad de agua hirviendo que requería.

Hasta mediados del siglo XX, y con la introducción de las tomas de agua en las cocinas de las casas, no comenzó a ser popular. Hoy en día es un elemento muy importante, que facilita nuestra vida, nos ahorra tiempo y energía. En nuestras cocinas es un electrodoméstico de uso diario muy apreciado.

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