Historia de la inducción

La primera idea de la inducción la presentó la división de frigoríficos de General Motors en Estados Unidos, en los años 50,  en una gira demostrativa en la que colocaban un papel de periódico entre la placa y el cazo. Nunca se llegó a llevar a producción.

La primera placa de inducción que se comercializó, fue en los años 70, gracias al trabajo realizado por Westinghouse Electric Corporation. Contaba con seis transistores de potencia de Motorola y su precio era de 1.500$.

Posteriormente otras patentes hicieron mejoras sobre el sobrecalentamiento y la radiación. Pero no fue muy exitosa en el mercado estadounidense.

Sin embargo en Europa y gracias a la colaboración entre la entonces Balay (actual grupo BSH) y la Cátedra de Electrónica de la Escuela Superior de Ingenieros Industriales de Zaragoza, direccionados por Armando Roy, dio lugar en 1999 al lanzamiento del primer modelo compacto, en el que la electrónica ya estaba integrada en la zona de cocción y no era exterior,  como anteriormente.

La eficiencia de transmisión de energía de estas placas es del 84%, un 10% superior que en las vitrocerámicas convencionales; esto supone un claro ahorro y una mayor rapidez y eficacia.

Basadas en el magnetismo, requieren recipientes ferromagnéticos y no deben ser usadas por personas que lleven marcapasos.

Por otra parte, su sistema de funcionamiento, no calienta la superficie de la placa, evitando así, posibles quemaduras al contacto y facilitando la limpieza.

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