La primera lavadora

La primera patente fue concedida en Inglaterra en 1691, como máquinas de lavar y escurrir. En Alemania, Jacob Chistian Schäffer publica su diseño en 1767 y en 1782 lo hace Henry Sidgier con una patente británica cuyo tambor giraba.

En Estados Unidos la primera patente llega en 1797, pero después de un gran incendio en 1836 en la oficina de patentes, no quedó constancia de cómo era.

En 1928, en Estados Unidos, se habían vendido 913.000 unidades de lavadoras eléctricas. Las ventas fueron trepidantes y en 1940 el 60% de hogares que tenían acceso a la luz, tenían una.

Sin embargo la gran depresión frenó un poco toda esta revolución y hasta los años 50, no se convirtió en un electrodoméstico de masas. Al igual que en Europa, hasta después de la Segunda Guerra Mundial, allá por los 60.

Las lavadoras evolucionaron estéticamente, es posible incluso ocultarlas mediante paneles o puertas. Y también tecnológicamente con la incorporación de la microtecnología.

Indudablemente es el electrodoméstico que nos liberó de una de las tareas  domésticas más pesadas y duras.

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